Por segunda semana consecutiva se suspende el ciclo "Bandas de Brooklyn" debido a otra dimensión nacional- como parte del gustito chismográfico, el caso parricida Bracamonte-Fefer abarca portadas y programas de televisión. Ya nadie se acuerda de la gripe porcina y la gente se la pasa hablando sobre la muchacha lesbiana que con su ex amante habría contratado a un sicario para matar a su madre, la millonaria Myriam Fefer. Para sumarle puntos a la historia, Ariel el hermano de Eva -presunta asesina-, también es gay. En el video de arriba lo más interesante no solo son las declaraciones del señor Bracamonte apócrifo sino la cara de Rosa María Palacios... ¡plop!
jueves, 27 de agosto de 2009
Narkoturismo: otra maravilla del Perú
No basta con que Machu Picchu sea una de las maravillas del mundo. El otro discreto encanto peruano es su reputación de paraíso narcótico, fama que arrastra a tantos turistas a conocer la oferta narko que este país tiene al igual que ruinas incas, preincaicas, coloniales y republicanas; gastronomía, naturaleza y variedad cultural.
En el extranjero, es bastante común decir "Perú" y tener como respuesta automática- "ah, el país de la coca". En realidad, prefiero hablar de las cientos de clases de papa porque la relación Perú-cocaína solo hace que parezca la republiqueta de Miranda, cierto país latinoamericano en una película de Buñuel que tenía a un embajador encantador con una valija llena de coca.
O también se presta para chistes malos. Una vez estaba en un bar en Harlem, un martes en black comedy night, y cuando uno de los comediantes se paró a decir sus chistes, me miró y preguntó de dónde venía (yo, white girl, whe're ya from?). Entonces, le dije, "Perú". De inmediato se puso a contar chistes sobre la cocaína peruana y se quedó tan prendido con el tema que aburrió al público y a los siete minutos le dijeron que se bajara.
Después también me tocó conocer de casualidad a unos empresarios de Iowa o Idaho en Argentina que cuando les dije, "Perú" se les iluminaron las caras y dijeron, "ah, tiene muy buenos productos". Estaba a punto de hablar sobre el algodón pyma, los espárragos y la papa amarilla cuando se enfrascaron en un floro sobre la excelente calidad de la cocaína peruana.
Hace poco escuché de un alemán que llegó al Perú y enloqueció al enterarse qué tan barato estaba el gramo de cocaína: el precio más módico del mundo, entre 10-30 soles o 3-8 euros. Al teutón no se le ocurrió mejor cosa que comprarse de saque 10 gramos. Al final, terminó hecho un pedazo de porquería y su enamorada, quien compartió su entusiasmo inicial, lo dejó varado en este país.
El cineasta Dennis Hopper también encontró su perdición en el Perú. Cuando vino con un equipo a rodar The Last Movie a comienzos de la década del setenta, justo después del éxito de Easy Rider, se fue al Cusco donde se juergueó con la producción, los hippies y drogadictos de la época todo el presupuesto para la película. Eran tan escandalosas sus fiestas que el gobierno de la revolución peruana tuvo que mandar a detenerlas.
En la actualidad se está dando en Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia lo que los ingleses han denominado el cocaine tourist. Es decir, el turista de la cocaína. El diario The Guardian (1.4.008) cuenta que en Bogotá los extranjeros prueban la merca como si fuera un producto típico del país, al igual que la gente va a comer carne en Argentina o tomar caipirinhas en Brasil. Incluso hay un recorrido turístico a Ciudad Perdida donde los extranjeros pueden ir a ver cómo se hace la cocaína y además probar sea la pasta básica o el clorhidrato.
En Bolivia hay una franquicia de lounges de cocaína clandestinos e itinerantes, Route 36, que es popular entre los turistas porque les sirven variedades de coca en bandejas, como era durante algunas reuniones aristocráticas de la Lima de antaño (solo que utilizaban azafates de plata pura). Sin embargo, se dice que hay más bares top que ofrecen esta clase de servicios también para la clientela local boliviana.
Si bien en el Perú no hay nada tan "institucionalizado", por así decirlo, es sabido que hay un filón turístico hacia la cocaína. Muchos extranjeros llegan al Perú con la expectativa de encontrar coca y si no la tenían antes, la desarrollan aquí, en conversación con otros turistas que comentan sobre la abundancia cocaínica en este país rezumante de coca y todos sus derivados, narcotráfico incluido.
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Perú narcoturismo maravilla del mundo
jueves, 20 de agosto de 2009
Los príncipes del sur ::: Mi mala suerte
Esta semana se suspende la serie "Bandas de Brooklyn" por motivo de huachafería mayor. A continuación, otra bizarría peruana: la vecindad del chavo hecha cumbia...
Perú narco
Uno de los grandes motores de la economía peruana es el narcotráfico- sector que abarca el 17% del PBI, mucho más que la manufactura (16%) y el comercio (15%). Parte del gran milagro económico del Perú se debe al crecimiento del negocio narco y si sigue su actual ritmo de expansión para el 2011 el país no se convertirá en primermundista pero sí en principal productor de hoja de coca y cocaína del mundo.
Hoy, los narcotraficantes que trabajan en el Perú ganan US$22 mil millones por la venta de cocaína. Al año salen por mar 256 toneladas de clorhidrato del Perú al extranjero, las cuales en su mayoría van a parar en las fosas nasales de estadounidenses y europeos. Los primeros en promedio pagan US$100 el gramo y los pichikateros de Europa -en especial españoles, italianos e ingleses- entre 80 y 120 euros.
La producción total de cocaína y pasta básica peruana es de 320 toneladas al año: un tercio de lo que se produce en el mundo. Del resto se hacen cargo los bolivianos y colombianos que con la ayuda de sus amigos mexicanos y gringos, entre otros, se la llevan hasta los consumidores del norte.
Parte de la debacle de Wall Street se debe al extensivo consumo de cocaína entre los operadores, gente que compraba y vendía, tomaba riesgos absurdos y tenía expectativas que solo corresponden a la euforia y grandiosidad que causa la coca. La delusión cocainómana solo reforzó lo más irresponsable y extravagante de quienes manejan las abstracciones financieras. Luego, la crisis mundial; pero ésta no ha afectado al narcotráfico, negocio que sigue viento en popa.
Este país rezuma mafia. El Perú es un organismo enfermo: donde se aplica el dedo brota la pichikata. Por los puertos de Salaverry, Paita y Chimbote, así como por otras caletas solitarias del litoral salen toneladas de cocaína, camufladas entre los pescados y tiburones congelados y en harina de pescado porque confunde a los perros de la policía antidroga.
Los famosos burriers, muchos de ellos extranjeros, sacan todos los días cocaína a través del aeropuerto internacional Jorge Chávez en sobres de olluquito y carapulcra y comida deshidratada en general; en botellas de pisco, valijas de doble fondo, utensilios de cocina y chocolates cusqueños.
Por tierra se esconde la droga en motores, cascos de moto, sacos de papa, maquinaria. Y es también por la vía terrestre en que más se transportan los insumos para completar el proceso químico de la cocaína, tal como el kerosene. A pie y por los escarpados valles transitan los "mochileros", quienes llevan la pasta básica a los laboratorios.
Por ejemplo, se les puede ver en columnas de 5-7 personas atravesando territorios machiguengas en el Cusco, por Alto Itariato, en dirección al Valle de los ríos Apurímac y Ene, epicentro de la guerra entre el ejército y el narcoterrorismo. Los nativos solo miran cómo se dirigen al VRAE desde los puestos de control a las afueras de sus poblados. Los dejan pasar por los alrededores, pero no adentrarse a sus pueblos. Cualquier cosa, disparan.
Como método adaptativo al transporte es más insólita la coca plástica- aquella cocaína que con un 80% de pureza adopta la forma de láminas o bolsas transparentes, o de corazoncitos, estrellas y animales moldeados y de colores que bien podrían pasar por chucherías chinas y llaveritos para la venta ambulante en las combis.
Y el medio aún más descarado de transporte y que supera al "plástico" es el del avión presidencial: en 1996 se encontraron más de 170 kilos en el fuselaje. En 1999 se hallaron 60 kilos en un barco de la Marina. & eso es lo que sale a la luz.
Uno de los personajes claves en la red narcotraficante en la que se movía Vladimiro Montesinos era Alberto Pérez Canetto, narco experimentado que entró en una psicosis causada por su propia cocaína al romper la segunda ley de Caracortada ("don't get high on your own supply") y quien se cayó de su departamento miraflorino en octubre del 2002. Había estado lanzando cocaína a manos llenas desde su balcón antes de colgarse de una cortina, calato y sobándose contra el muro, diciendo "qué rico el culo". La cortina hizo crac y Beto Pérez Canetto se estrelló contra la acera.
Durante su gobierno, Fujimori con la colaboración de su asesor Montesinos y otros personajes se encargaron de hacer del Perú un verdadero narcoestado. Si en distintos niveles estatales, incluyendo las fuerzas armadas y la policía, siempre ha habido connivencia con el narcotráfico, durante el fujimorato se llegó a niveles de escándalo.
Dado el auge del narcotráfico en los últimos años, es indudable que muchos sectores están involucrados en el negocio y hasta las personas más insospechadas- respetables señores y gente de gobierno. La maraña de participantes abarca todas las clases sociales, todas las regiones del Perú; todos los métodos, artimañas y fracasos calculados de la guerra antinarcótica.
Mientras que el discurso de algunos funcionarios va hacia la más rígida penalización del comercio y consumo de drogas, más bien el estado peruano debería de apostar por su mayor producto de exportación -la cocaína- y usurparlo en su propio beneficio. Es decir, que abiertamente tome el control del narcotráfico y que a través de leyes reglamente su venta, consumo y los programas de educación necesarios sobre esta droga.
& que el Perú no se aventure solo. Como buen narcoestado, el Perú debería de asumir su condición junto con sus pares en Sudamérica y formar un sólido bloque sudamericano de narcorepúblicas. Suena a delirio pero al final sería una unidad política y económica más sólida a la de todos los proyectos latinoamericanistas implementados hasta la fecha. También debilitaría el poder de las firmas, con sus contadores, traqueteros y todas las vírgenes de los sicarios.
Hoy, los narcotraficantes que trabajan en el Perú ganan US$22 mil millones por la venta de cocaína. Al año salen por mar 256 toneladas de clorhidrato del Perú al extranjero, las cuales en su mayoría van a parar en las fosas nasales de estadounidenses y europeos. Los primeros en promedio pagan US$100 el gramo y los pichikateros de Europa -en especial españoles, italianos e ingleses- entre 80 y 120 euros.
La producción total de cocaína y pasta básica peruana es de 320 toneladas al año: un tercio de lo que se produce en el mundo. Del resto se hacen cargo los bolivianos y colombianos que con la ayuda de sus amigos mexicanos y gringos, entre otros, se la llevan hasta los consumidores del norte.
Parte de la debacle de Wall Street se debe al extensivo consumo de cocaína entre los operadores, gente que compraba y vendía, tomaba riesgos absurdos y tenía expectativas que solo corresponden a la euforia y grandiosidad que causa la coca. La delusión cocainómana solo reforzó lo más irresponsable y extravagante de quienes manejan las abstracciones financieras. Luego, la crisis mundial; pero ésta no ha afectado al narcotráfico, negocio que sigue viento en popa.
Este país rezuma mafia. El Perú es un organismo enfermo: donde se aplica el dedo brota la pichikata. Por los puertos de Salaverry, Paita y Chimbote, así como por otras caletas solitarias del litoral salen toneladas de cocaína, camufladas entre los pescados y tiburones congelados y en harina de pescado porque confunde a los perros de la policía antidroga.
Los famosos burriers, muchos de ellos extranjeros, sacan todos los días cocaína a través del aeropuerto internacional Jorge Chávez en sobres de olluquito y carapulcra y comida deshidratada en general; en botellas de pisco, valijas de doble fondo, utensilios de cocina y chocolates cusqueños.
Por tierra se esconde la droga en motores, cascos de moto, sacos de papa, maquinaria. Y es también por la vía terrestre en que más se transportan los insumos para completar el proceso químico de la cocaína, tal como el kerosene. A pie y por los escarpados valles transitan los "mochileros", quienes llevan la pasta básica a los laboratorios.
Por ejemplo, se les puede ver en columnas de 5-7 personas atravesando territorios machiguengas en el Cusco, por Alto Itariato, en dirección al Valle de los ríos Apurímac y Ene, epicentro de la guerra entre el ejército y el narcoterrorismo. Los nativos solo miran cómo se dirigen al VRAE desde los puestos de control a las afueras de sus poblados. Los dejan pasar por los alrededores, pero no adentrarse a sus pueblos. Cualquier cosa, disparan.
Como método adaptativo al transporte es más insólita la coca plástica- aquella cocaína que con un 80% de pureza adopta la forma de láminas o bolsas transparentes, o de corazoncitos, estrellas y animales moldeados y de colores que bien podrían pasar por chucherías chinas y llaveritos para la venta ambulante en las combis.
Y el medio aún más descarado de transporte y que supera al "plástico" es el del avión presidencial: en 1996 se encontraron más de 170 kilos en el fuselaje. En 1999 se hallaron 60 kilos en un barco de la Marina. & eso es lo que sale a la luz.
Uno de los personajes claves en la red narcotraficante en la que se movía Vladimiro Montesinos era Alberto Pérez Canetto, narco experimentado que entró en una psicosis causada por su propia cocaína al romper la segunda ley de Caracortada ("don't get high on your own supply") y quien se cayó de su departamento miraflorino en octubre del 2002. Había estado lanzando cocaína a manos llenas desde su balcón antes de colgarse de una cortina, calato y sobándose contra el muro, diciendo "qué rico el culo". La cortina hizo crac y Beto Pérez Canetto se estrelló contra la acera.
Durante su gobierno, Fujimori con la colaboración de su asesor Montesinos y otros personajes se encargaron de hacer del Perú un verdadero narcoestado. Si en distintos niveles estatales, incluyendo las fuerzas armadas y la policía, siempre ha habido connivencia con el narcotráfico, durante el fujimorato se llegó a niveles de escándalo.
Dado el auge del narcotráfico en los últimos años, es indudable que muchos sectores están involucrados en el negocio y hasta las personas más insospechadas- respetables señores y gente de gobierno. La maraña de participantes abarca todas las clases sociales, todas las regiones del Perú; todos los métodos, artimañas y fracasos calculados de la guerra antinarcótica.
Mientras que el discurso de algunos funcionarios va hacia la más rígida penalización del comercio y consumo de drogas, más bien el estado peruano debería de apostar por su mayor producto de exportación -la cocaína- y usurparlo en su propio beneficio. Es decir, que abiertamente tome el control del narcotráfico y que a través de leyes reglamente su venta, consumo y los programas de educación necesarios sobre esta droga.
& que el Perú no se aventure solo. Como buen narcoestado, el Perú debería de asumir su condición junto con sus pares en Sudamérica y formar un sólido bloque sudamericano de narcorepúblicas. Suena a delirio pero al final sería una unidad política y económica más sólida a la de todos los proyectos latinoamericanistas implementados hasta la fecha. También debilitaría el poder de las firmas, con sus contadores, traqueteros y todas las vírgenes de los sicarios.
martes, 4 de agosto de 2009
Bandas de Brooklyn ::: Grizzly Bear
Canción de su tercer disco Veckatimest. Esta banda se creó en el 2004 y ha sido clasificada como acid-folk, freak-folk, rock experimental y lo-fi (low definition); es decir, que su calidad de sonido es menor al estándar. En su último album ha tomado un giro más rock-pop, no sé, etc.
A propósito de la felicidad
Contra todo pronóstico, el Perú es uno de los lugares más felices del planeta. A pesar de ser el país más pesimista de América Latina, en el índice del planeta feliz (HPI, Happy Planet Index) el Perú aparece en el puesto 28 de 143. Una posición nada despreciable.
Lo más extraño es que los primeros 10 puestos los ocupen los países latinoamericanos, con excepción de Vietnam en el puesto 5, y que los países ricos se encuentren a partir del puesto 43, comenzando por Holanda. El país más rico del mundo, EE.UU., está en el puesto 114, entre Madagascar y Nigeria.
Este índice, elaborado por la New Economics Foundation, toma en consideración el bienestar de las personas y su impacto ecológico en el mundo. Mientras que la esperanza de vida en el Perú es de 71 años, en los Estados Unidos es de 78. Asimismo, la mayoría de los estadounidenses están satisfechos con su estilo de vida (8/10) y en el Perú la satisfacción es menor (6/10).
La diferencia a favor del Perú radica en su huella de carbono: se necesitarían 1,6 planetas para vivir como los peruanos felices; para vivir con un gringo cómodo, 9,4. Es decir, el mundo explotaría si todos viviéramos con el estadounidense promedio en Minnesota.
Aparte de los Estados Unidos, los países industriales que se encuentran jalados según este índice son Noruega (88), Canadá (89), Islandia (94), Australia (102), Nueva Zelanda (103), Dinamarca (105) y Luxemburgo (122).
"La Suiza de Sudamérica", Uruguay, es el único país latinoamericano al fondo de la tabla (puesto 99). Si bien he escuchado decir que los uruguayos no serían muy felices por ser aburridos, parece ser que el problema no radica allí sino en su huella de carbono (5,5).
En contraste con el índice de producto bruto interno que pone primero en el ranking mundial a los Estados Unidos seguido por los países industrializados, con el Perú a mitad de tabla (puesto 55), el HPI toma en consideración la sostenibilidad del crecimiento. Lo cual demuestra que ha habido a lo largo de los años demasiado énfasis en la cantidad -recursos sí, pero naturaleza aparte- y no en la calidad de vida y su relación con el mundo.
Lo más extraño es que los primeros 10 puestos los ocupen los países latinoamericanos, con excepción de Vietnam en el puesto 5, y que los países ricos se encuentren a partir del puesto 43, comenzando por Holanda. El país más rico del mundo, EE.UU., está en el puesto 114, entre Madagascar y Nigeria.
Este índice, elaborado por la New Economics Foundation, toma en consideración el bienestar de las personas y su impacto ecológico en el mundo. Mientras que la esperanza de vida en el Perú es de 71 años, en los Estados Unidos es de 78. Asimismo, la mayoría de los estadounidenses están satisfechos con su estilo de vida (8/10) y en el Perú la satisfacción es menor (6/10).
La diferencia a favor del Perú radica en su huella de carbono: se necesitarían 1,6 planetas para vivir como los peruanos felices; para vivir con un gringo cómodo, 9,4. Es decir, el mundo explotaría si todos viviéramos con el estadounidense promedio en Minnesota.
Aparte de los Estados Unidos, los países industriales que se encuentran jalados según este índice son Noruega (88), Canadá (89), Islandia (94), Australia (102), Nueva Zelanda (103), Dinamarca (105) y Luxemburgo (122).
"La Suiza de Sudamérica", Uruguay, es el único país latinoamericano al fondo de la tabla (puesto 99). Si bien he escuchado decir que los uruguayos no serían muy felices por ser aburridos, parece ser que el problema no radica allí sino en su huella de carbono (5,5).
En contraste con el índice de producto bruto interno que pone primero en el ranking mundial a los Estados Unidos seguido por los países industrializados, con el Perú a mitad de tabla (puesto 55), el HPI toma en consideración la sostenibilidad del crecimiento. Lo cual demuestra que ha habido a lo largo de los años demasiado énfasis en la cantidad -recursos sí, pero naturaleza aparte- y no en la calidad de vida y su relación con el mundo.
lunes, 27 de julio de 2009
Instituto Nacional de Cultura ::: ¿más problemas que posibilidad?
La semana que pasó estuve por Ayacucho-Huancavelica, entre puyas, punas, lagunas, alpacas, vicuñas, integrantes de bandas de death metal huamanguinas y en el delirio festivo del apóstol Santiago, antiguo ritual andino en el que se rinde culto a los cerros, ofrendándolos para que aseguren la salud del ganado, la tierra y el agua. En medio de todo esto, cada tanto reaparecía mentado el Instituto Nacional de Cultura (INC) como una resignación, un qué se va a hacer, en fin.
Mientras en Lima el INC lanzaba un suplemento contratado sobre el Qhapaq Ñan, o gran camino inca, acompañado del ya trillado eslogan "El Perú avanza", me tocó visitar algunos de los puntos por los que atraviesa esta ruta que va desde Quito hasta el norte argentino y chileno, con ramificaciones hacia el océano Pacífico.
Por ejemplo, en Pacaycasa, Ayacucho, el Qhapaq Ñan apenas se distingue de otros caminos rurales por los que andan vacas, cabras, pastores. Tal es la indiferencia entre el Qhapaq Ñan y los demás caminos que algunos pobladores confunden una trocha con lo que podría haber sido el antiguo camino principal andino.
Alrededor de estos poblados ayacuchanos hay ruinas que las autoridades locales quisieran poner en valor, pero por desconfianza hacia el INC prefieren mantenerlas así como están. Tienen miedo a que el INC no realice bien su trabajo. & con razón. A veces trabaja bien, pero también sucede todo lo contrario...
En el complejo arqueológico Wari, una de las culturas más importantes del antiguo Perú, algunos miembros del INC movieron parte de un acueducto que estaba en buenas condiciones y lo pusieron un poco más allacito, en desorden; sus piedras talladas revueltas entre la tierra y paja. Ni siquiera numeraron las partes.
En Huaytará, Huancavelica, se encuentran otras ruinas que se sostienen por sí mismas. El único representante del INC tuvo que resignarse hasta hace relativamente poco tiempo a que se jugaran pichanguitas en la explanada de los baños del Inca al lado de lo que fue un importante templo incaico, hoy iglesia de San Juan Bautista.
Por más que la directora del INC, Cecilia Bákula, presente con toda la rimbombancia del caso que el Qhapaq Ñan será el elemento unificador de todos los peruanos y HLA (hermanos latinoamericanos), el proyecto de puesta en valor que está en curso desde el 2003 en vez de haber significado rescate y conciencia histórica se ha más bien enfrentado en los poblados con la ignorancia y las aplanadoras municipales.
¿Los malpagados, solitarios empleados del INC qué pueden hacer ante la fuerza del progreso? Si no son los grandes palacios ediles con ventanas de espejo y de tres pisos, son las trochas que se ensanchan sobre el Qhapaq Ñan. & desde Lima, lejos del resto del Perú, con estudios en mano, Bákula y sus investigadores pretenden que la Unesco declare en el 2011 al Qhapaq Ñan patrimonio cultural de la humanidad mientras que éste se enfrenta a toda clase de destrucciones- a las del tiempo y la estupidez.
Mientras en Lima el INC lanzaba un suplemento contratado sobre el Qhapaq Ñan, o gran camino inca, acompañado del ya trillado eslogan "El Perú avanza", me tocó visitar algunos de los puntos por los que atraviesa esta ruta que va desde Quito hasta el norte argentino y chileno, con ramificaciones hacia el océano Pacífico.
Por ejemplo, en Pacaycasa, Ayacucho, el Qhapaq Ñan apenas se distingue de otros caminos rurales por los que andan vacas, cabras, pastores. Tal es la indiferencia entre el Qhapaq Ñan y los demás caminos que algunos pobladores confunden una trocha con lo que podría haber sido el antiguo camino principal andino.
Alrededor de estos poblados ayacuchanos hay ruinas que las autoridades locales quisieran poner en valor, pero por desconfianza hacia el INC prefieren mantenerlas así como están. Tienen miedo a que el INC no realice bien su trabajo. & con razón. A veces trabaja bien, pero también sucede todo lo contrario...
En el complejo arqueológico Wari, una de las culturas más importantes del antiguo Perú, algunos miembros del INC movieron parte de un acueducto que estaba en buenas condiciones y lo pusieron un poco más allacito, en desorden; sus piedras talladas revueltas entre la tierra y paja. Ni siquiera numeraron las partes.
En Huaytará, Huancavelica, se encuentran otras ruinas que se sostienen por sí mismas. El único representante del INC tuvo que resignarse hasta hace relativamente poco tiempo a que se jugaran pichanguitas en la explanada de los baños del Inca al lado de lo que fue un importante templo incaico, hoy iglesia de San Juan Bautista.
Por más que la directora del INC, Cecilia Bákula, presente con toda la rimbombancia del caso que el Qhapaq Ñan será el elemento unificador de todos los peruanos y HLA (hermanos latinoamericanos), el proyecto de puesta en valor que está en curso desde el 2003 en vez de haber significado rescate y conciencia histórica se ha más bien enfrentado en los poblados con la ignorancia y las aplanadoras municipales.
¿Los malpagados, solitarios empleados del INC qué pueden hacer ante la fuerza del progreso? Si no son los grandes palacios ediles con ventanas de espejo y de tres pisos, son las trochas que se ensanchan sobre el Qhapaq Ñan. & desde Lima, lejos del resto del Perú, con estudios en mano, Bákula y sus investigadores pretenden que la Unesco declare en el 2011 al Qhapaq Ñan patrimonio cultural de la humanidad mientras que éste se enfrenta a toda clase de destrucciones- a las del tiempo y la estupidez.
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