jueves, 21 de mayo de 2009

Perú combustión ::: biocombustibles y conflicto social


Desde el 9 de abril, cientos de indígenas de la Amazonía están en huelga indefinida, bloqueando rutas fluviales y carreteras, tomando bases petroleras, desfilando las lanzas y exigiendo que se deroguen un conjunto de 10 decretos legislativos que consideran perjudiciales para su bienestar y desarrollo en la selva.

Entre este set de normas, hay dos que podrían propiciar la desmesurada producción de biocombustibles en el Perú: el DL 1090, o Ley Forestal y de Fauna Silvestre -declarado inconstitucional por la Comisión de Constitución del Congreso, pero que aún no ha sido derogado por el Pleno-, y el DL 1064 que aprueba el régimen jurídico para el aprovechamiento de las tierras de uso agrario.

Desde comienzos de marzo de este año, un grupo de congresistas liderado por Gloria Ramos sostuvo que el DL 1064 no solo elimina la consulta a las comunidades campesinas y nativas para los proyectos de gas, petróleo y minería, sino que permitiría convertir tierras forestales en zonas eriazas con posterior utilización agraria por inversionistas de la industria de los biocombustibles.

El Ley Forestal no va del todo mal hasta la parte en que dice, "No habrá cambio de uso en las tierras que pertenecen al patrimonio forestal cualquiera sea su categoría, salvo cuando se trate de proyectos declarados de interés nacional" (art. 6), pues resulta que el gobierno de Papá Alan ha declarado "de interés nacional la instalación de plantaciones de piñón e higuerilla como alternativa para promover la producción de biocombustibles en la selva" (DECRETO SUPREMO N° 016-2008-AG).

El problema es que el etanol -hecho de caña de azúcar, soya o maíz- y el biodiésel -de caña brava, palma aceitera y piñón blanco- han caído en desgracia. Ahora se están transformando en los cucos del calentamiento global. Los últimos estudios científicos independientes indican que podrían incluso contaminar más que los combustibles fósiles.

Sin embargo, el gobierno peruano ha asumido como política de estado la promoción de los biocombustibles, particularmente en Piura y en la selva, sin haber realizado los estudios necesarios para determinar cuál sería el impacto real de su producción en el medio ambiente y en las comunidades locales.

En el 2007 salió una reglamentación para que en el 2009 se mezcle un 2% de biodiésel con diésel y un 7,8% de etanol con gasolina. Para el 2011, se ampliará la mezcla de biodiésel a 5% y el obierno peruano buscará para ese mismo año dividir su matriz energética en tres partes: petróleo (33%), gas (34%) y energías renovables (33%) (ver documental de Juan Luis Dammert, "Biocombustibles en el Perú: Elementos en juego", en-
http://www.youtube.com/watch?v=xaEuxEmPVIs).

Para cubrir las demandas del mercado interno para el 2010, solo se necesitan 24 millones de galones de etanol al año y cultivar 10,000 hectáreas en la costa. Sin embargo, solo una empresa -Maple- proyecta plantar esa cantidad de tierra y producir 35 millones galones de etanol anuales en Piura. Esto, sin contar la otra megainversión de etanol impulsada por el Grupo Romero en esa misma región.

Cuando Maple inició sus actividades etanolíferas, Alan García saludó el proyecto con gran pompa (no podía haber sido de otra forma tratándose de AGP) en Palacio de Gobierno, diciendo,
"Antes la agricultura necesitaba energía, y ahora la agricultura produce energía".

Más allá de su retórica, la realidad es que desde el 2006 hasta mayo/junio del 2008, había más de 40 mil hectáreas anunciadas en la costa para la producción de etanol y en la selva, 120 mil. Para la producción de biodiésel en la Amazonía, 200 mil hectáreas (ver a
Javier Coello, investigador del ITDG, en-
http://www.youtube.com/watch?v=AUKgFi_K-2w).

A todas luces, el interés en producir biodiésel y etanol no corresponde a las necesidades del mercado interno, sino a las demandas energéticas de EE.UU., Europa y Asia. Lo que es más, una de las condiciones que la delegación del Perú impuso para la firma del TLC con los Estados Unidos en diciembre del 2005 fue el acceso ilimitado de etanol a ese mercado.

Pero, ¿qué tan eficientes son los biocombustibles? Según el DS que declara de interés nacional promover el biodiésel de piñón e higuerilla, tal actividad sirve para "el desarrollo sostenible y socioeconómico del país y contribuir al manejo útil y beneficioso de los recursos suelo y agua, pues las ventajas resultantes como reemplazante progresivo de los combustibles fósiles son evidentes, produciéndose lo que se denomina aire limpio y su utilización es de primera prioridad conforme a los términos del protocolo de Kyoto".

Una de las críticas que han recaído sobre los biocombustibles es que inciden en el alza del precio de los alimentos. Hasta el Banco Mundial lo ha señalado, lo cual ya es bastante decir. A raíz del encarecimiento de la comida ha habido disturbios en más de 30 países.

Y el problema no han sido solo los precios atrofiados por el boom de los biocombustibles, sino el desplazamiento de la frontera agrícola y el uso intensivo del agua. A diferencia de lo que dice el decreto supremo, las ventajas de los biocombustibles no son evidentes. En la actualidad, no se sabe bien cuáles serían sus beneficios.

Dos artículos publicados en la revista Science el año pasado señalan que los biocombustibles son contraproducentes porque sus emisiones de carbono son altísimas si se calculan las que producen a través de todo su ciclo productivo: desde el tipo de tierra en la que se cultivan, su siembra, cosecha, luego producción (que muchas veces involucra el uso de combustibles fósiles), su transporte y desecho.

Uno de los estudios publicados en Science realizado por Timothy Searchinger, investigador de medio ambiente y economía de la Universidad de Princeton, dice que no importa si las plantas para los biocombustibles fueron cultivadas en tierras eriazas o si pertenecieron al bosque tropical porque directa o indirectamente nuevas tierras van a ser despejadas sea para cultivar alimentos o combustible.

Searchinger concluye: "Cuando se toma todo esto en consideración, casi todo el biocombustible que la gente está utilizando o pretende utilizar probablemente incremente la emisión de gases de efecto invernadero de forma substancial".


martes, 19 de mayo de 2009

miércoles, 13 de mayo de 2009

Los archivos secretos X del Perú se hacen agua


Hurgar en el pasado peruano -en sus periódicos, semanarios, oficios y documentos de estado- es una búsqueda entre grandes vacíos y trabas. Lo que queda está deteriorándose, hecho porquería o en proceso de descomposición. La historia del Perú se está pudriendo.

Por ejemplo, en el Archivo General de la Nación (AGN) ya no es posible leer los periódicos que se almacenaron allí durante tanto tiempo. Es decir, El Comercio, El Peruano, La Gaceta Judicial, entre otros, porque ahora son un masa de papel abombado, hongueado, una pasta de tinta y moho que se desintegra en algún lugar del Palacio de Justicia.

Resulta que hace un año, año y medio, hubo una inundación. No sé dónde estarían guardados estos periódicos, pero bien podrían haber estado en algún sótano, justo debajo de la llave general de agua o de una cañería, o cerca de la troncal del desagüe que emana de tales predios judiciales.

Se nota que la era digital todavía no se ha asomado al AGN ni tampoco a la Biblioteca Nacional (BN). Más allá de los robos, incendios, inundaciones, terremotos y demás catástrofes que puedan acaecerle al registro histórico, si por lo menos hubiera una versión electrónica de tales documentos, la pérdida no sería completa.

Sin embargo, los documentos que hay son los que hay. Ellos mismos son. En la Biblioteca Nacional, el personal no se da abasto para mantener las páginas de los diarios antiguos enteras. Éstas son pegadas con cinta scotch, que con los años se va despegando. Hay páginas que al tacto se hacen polvo, se rompen. Es inevitable.

Lo problemático no solo es el estado actual de los registros, sino también la dificultad de reproducción de éstos. Dada su antigüedad, no se pueden fotocopiar. Entonces, la BN le pide al usuario que costee la elaboración de los microfilms- los primeros 10 cuestan 30 soles y cada copia adicional, un sol. Lo malo es que no es cumulativo. Si el usuario se olvidó de sacar una copia, tiene que recomenzar con otro pago de 30 soles... y así sucesivamente.

En el archivo de El Comercio la copia cuesta S/. 2.72 (¡qué específicos!). Al preguntar porqué cobraban tal suma, me respondieron: "Esta es una institución privada, a diferencia de la BN que sí recibe ayuda del estado. Acá no nos podemos dar el lujo de cobrar 20 céntimos por copia". Plop. Como si los Miró Quesada fueran unos pobrecitos cuya renta se vería desahuciada por las copias que se le saquen a sus diarios archivados.

En el Instituto Riva Agüero de la Universidad Católica tampoco se le puede sacar fotocopia a los diarios antiguos, lo cual es comprensible. No obstante, el único medio para copiar un artículo o una página es la fotografía, y cada una vale cinco soles. Pareciera que todavía trabajaran en fílmico.

En fin-

Hace un tiempo me metí en una polémica con un señor que estuvo en el Hipódromo de Santa Beatriz cuando mataron al dictador Sánchez Cerro, allá por el 33. Él me mandó unas copias sustentando su versión y desde hace unos meses que quiero hacer lo mismo para mostrarle que también existe la posibilidad de que "el Mocho" fuera traicionado por el coronel Rodríguez, quien iba a su lado en el descapotable.

Mientras tanto, me doy cuenta que los registros no se encuentran, están extraviados, putrefactos; y si están, permanecen frágiles y su copiado es caro, a veces burocrático. Para hacer más accesibles y económicos tales documentos, los archivos deberían digitalizarse. & no es que el Perú vaya a salir de su podre a través de la digitalización, pero por lo menos no se va a hundir más en ella.




martes, 5 de mayo de 2009

Chicharrón manda


"Interpretación de un chancho rabioso, o por lo menos incomprendido, o molesto por el tráfico o a lo mejor no entiende algo que le acaban de explicar".

-Alex K.